Seguro que alguna vez has escuchado a alguien decir: “Es un/a narcisista”. De hecho, en los últimos años esta palabra se ha vuelto muy habitual en conversaciones, redes sociales e incluso en el lenguaje cotidiano, ¿quien no conoce a alguien a quien definiría como narcisista?.
En psicología, el narcisismo va mucho más allá de una persona presumida o alguien que disfruta llamando la atención. Se trata de una forma de relacionarse con un@ mism@ y con los demás que puede generar un importante sufrimiento, tanto para quien presenta estos rasgos como para quienes conviven con ella.
Cuando hablamos de narcisismo solemos imaginar a alguien seguro de sí mismo, con una autoestima muy elevada y una gran confianza personal. Sin embargo, en muchos casos ocurre justamente lo contrario: detrás de esa imagen de fortaleza puede esconderse una profunda necesidad de reconocimiento y validación.
¿Qué entendemos realmente por narcisismo?
Todas las personas necesitamos sentirnos valoradas. Nos gusta que reconozcan nuestro esfuerzo, sentirnos apreciados/as y tener una imagen positiva hacia dentro y hacia afuera. Esto es completamente normal y forma parte de una autoestima saludable. El problema aparece cuando la necesidad de admiración se convierte en algo constante y la propia persona pasa a ocupar el centro de todo. En esos casos, las relaciones, las conversaciones e incluso los conflictos suelen girar alrededor de sus necesidades, emociones y expectativas.
Las personas con rasgos narcisistas suelen tener dificultades para ponerse en el lugar de los demás, aceptar críticas o reconocer errores. No necesariamente porque quieran hacer daño, sino porque cualquier cuestionamiento puede vivirse como una amenaza para una autoestima que, en el fondo, resulta mucho más frágil de lo que aparenta.
Una pregunta importante a responder sería, ¿de donde viene el narcisismo? ¿por qué una persona e así?, y la respeusta es que no existe una única causa que explique por qué una persona desarrolla rasgos narcisistas. Como ocurre con muchos aspectos de la personalidad, suele ser el resultado de diferentes experiencias y circunstancias acumuladas a lo largo de la vida. En consulta, cuando exploramos la historia personal de alguien con este tipo de funcionamiento, encontramos trayectorias muy distintas. Algunas personas crecieron recibiendo una admiración excesiva y constante, mientras que otras vivieron experiencias de crítica, rechazo o exigencia que dejaron huellas emocionales importantes.
En muchos casos, el narcisismo puede entenderse como una estrategia de protección. Una forma de construir una imagen fuerte y admirada para evitar entrar en contacto con sentimientos más dolorosos, como la inseguridad, la vergüenza o el miedo al rechazo.
Por eso, aunque desde fuera puedan parecer personas extremadamente seguras, internamente pueden depender mucho de la aprobación de los demás para sentirse valiosas, y llega un momento en el que la admiracion de los demás no es suficiente. Uno de los aspectos más llamativos del narcisismo es que la validación externa rara vez logra llenar el vacío que intenta compensar. Por mucho reconocimiento que reciba la persona, suele necesitar más. Un éxito lleva al siguiente, un elogio deja de ser suficiente y la búsqueda de admiración se convierte en una especie de carrera sin meta.
Esto puede generar una gran insatisfacción personal. Porque cuando la autoestima depende casi exclusivamente de lo que los demás piensan o reconocen, cualquier crítica, rechazo o fracaso se vive con una intensidad desproporcionada.
Narcisismo y relaciones de pareja
Capítulo aparte merecen las relaciones de pareja con una persona narcisista, ya que probablemente es en las relaciones afectivas donde los rasgos narcisistas se hacen más visibles y generan un mayor impacto emocional, también en las relaciones familiares las personas narcisistas suelen desarrollar sus estrategias de control con bastante libertad.
Muchas personas que han mantenido una relación con alguien narcisista describen una experiencia parecida. Al principio todo parece intenso, emocionante e incluso ideal. La otra persona muestra un gran interés, dedica mucha atención y hace sentir especial a su pareja. Es una etapa que suele vivirse con mucha ilusión.
Sin embargo, con el paso del tiempo la dinámica puede cambiar. La admiración inicial deja espacio a las críticas, las exigencias o la indiferencia emocional. Lo que antes parecía una conexión profunda comienza a convertirse en una relación donde una de las partes siente que sus necesidades cuentan cada vez menos.
No ocurre siempre de la misma manera, pero es frecuente que aparezcan situaciones en las que la pareja acaba adaptándose constantemente para evitar conflictos, intentando satisfacer expectativas que parecen cambiar continuamente, convirtiendose en una persona completamente manipulada.
Uno de los efectos más dolorosos (y peligrosos) de estas relaciones es que el desgaste suele ser progresivo.No suele producirse de un día para otro. Más bien aparece poco a poco, casi sin que la persona se dé cuenta. Un desgaste emocional que se vive con mucho dolor y sufrimiento.
Empieza cuestionándose si ha exagerado una discusión. Después se pregunta si realmente tiene derecho a sentirse molesta/o. Más adelante puede llegar a desconfiar de sus propias emociones o incluso de su percepción de lo que ocurre. Con el tiempo pueden aparecer sentimientos de ansiedad, culpa, inseguridad o una disminución importante de la autoestima. Muchas personas llegan a consulta diciendo algo parecido a esto: «Ya no sé si el problema soy yo.»
Y precisamente esa confusión suele ser una de las consecuencias más frecuentes cuando se permanece durante mucho tiempo en una relación emocionalmente desequilibrada, que pierdes la perspectiva de la realidad.
Si sientes que tienes una relación con una persona narcisista, o vives en familia con una persona narcisista, es importante que trabajes los límites (entre otras cosas):
- Recupera tus propias necesidades «¿qué quiero yo?» «¿qué necesito yo?»
- Establece límites y expresa desacuerdos, el egoísmo está muy denostado pero es fundamental un egoísmo positivo para conocer tus propios limites y poder expresarlos.
- No intentes que la otra persona cambie, una persona solo cambia cuando se responabiliza de si mismo/a y de sus actos.
Comprender el narcisismo no implica justificar comportamientos dañinos. Significa entender que detrás de cada forma de relacionarse existe una historia, unas experiencias y unas necesidades emocionales que merecen ser exploradas. Y, sobre todo, nos recuerda algo fundamental: las relaciones más sanas no son aquellas en las que una persona ocupa todo el espacio, sino aquellas en las que ambos/as pueden sentirse vistos, escuchados y valorados.