En este post me gustaría hablar sobre las emociones que nos puede generar la muerte de un ser querido y cómo manejarlas para poder continuar, es decir, cómo elaborar el duelo.
Está claro que ninguna muerte es igual a otra y que cada persona tenemos una manera de gestionar el dolor, por este motivo no se trata de ofrecer «píldoras de sabiduría mágica para sentirse mejor» sino un acto de reflexión propio que quizá nos ayude a colocar la pérdida en un lugar más sano para cada un@.
La muerte de un ser querido es una de las experiencias más dolorosas que atravesamos como seres humanos. Aunque muchas veces se vive entre lágrimas, confusión y tristeza…en psicología sabemos que una despedida consciente puede convertirse en un pilar fundamental para elaborar el duelo de manera saludable, pero para esto tenemos que entender el adiós como parte del proceso de duelo.
Pero ¿qué es el duelo? El duelo es un proceso, un proceso que implica aceptar la realidad de la pérdida, conectar con el dolor emocional, adaptarse a una nueva vida sin la persona y, finalmente, encontrar una manera de mantener un vínculo simbólico con quien ya no está. Un buen adiós facilita el primer paso: aceptar la realidad de la muerte. Los rituales, como el velatorio, el entierro o cremación, celebrar un funeral o una ceremonia íntima, ayudan a nuestra mente a comprender lo que ha ocurrido. Más allá de la formalidad cultural, cumplen una función psicológica esencial.
No existe una única forma de elaborar el duelo, cada persona y cada vivencia son diferentes, y más allá de explicar las fases del duelo que se han desarrollado desde diferentes perspectivas terapéuticas, creo que es más importante explicar que los tiempos, las reaciones emocionales y las necesidades de cada persona son sagradas, no deben ser juzgadas ni cuestionadas, cada persona necesita lo que necesita para elaborar la pérdida.
Existen formas simbólicas de «cerrar»: Escribir una carta, realizar un ritual personal, hablar en voz alta con la persona fallecida o crear un pequeño homenaje con amig@s y/o familia son maneras de expresar lo que quedó pendiente. Esto es importante porque el cerebro necesita narrativa, coherencia, sentido y esta forma de expresar el adiós ayuda a construir esa historia interna que nos permite integrar la pérdida en nuestra biografía.
Es lógico pensar que la forma en la que perdemos a una persona influye en cómo vamos a poder elaborar el duelo, y que hay situaciones o vivencias que suelen dificultar el proceso de duelo, algunas de las situaciones en las que nos podemos encontrar con mayores dificultades a la hora de gestionar las emociones ante la pérdida pueden ser:
Cuando queda algo pendiente
Muchas veces, cuando alguien fallece, quedan palabras sin decir, agradecimientos no expresados, perdones no pedidos, afectos no verbalizados…Cuando es posible, despedirse en vida, aunque sea en los últimos momentos, puede aliviar significativamente la carga emocional posterior. Si no es posible despedirse se pueden realizar rituales de despedida y buscar modos de «conexión simbólica» con la persona que ya no está, o como decía anteriormente, hacer algún tipo de homenaje o ritual
Cuando la muerte es «contra natura»
La muerte de un hijo o una hija es una de las vivencias más dolorosas que describen l@s dolientes, porque como me verbalizan a veces «no hay manera de darle un sentido«, y es verdad, es muy difícil darle sentido a la pérdida de una persona a quien no le tocaba morir, sino vivir, y vivirlo todo. Pero incluso este dolor tan extremo puede elaborarse, y las familias que pasan por este tipo de pérdidas consiguen con mucho esfuerzo y acompañamiento volver a caminar, siempre teniendo en el corazón y en la mente a quien se fue.
Cuando la muerte es repentina
En estas ocasiones en las que la muerte es repentina y no hay oportunidad de un adiós directo se suele desarrollar un tipo de duelo específico que es el duelo bloqueado, un tipo de duelo en el que tardas un tiempo en darte cuenta de lo que ha pasado, puedes participar de los rituales y de los homenajes, pero no es hasta un tiempo después cuando la mente acepta la pérdida apareciendo toda la sintomatología acompañante después.
Cuando la muerte sucede pero no hay cuerpo
Cuando no hay cuerpo al que llorar, porque las circunstancias fueron traumáticas, o porque evitamos el contacto con el dolor, el proceso de duelo puede complicarse. Necesitamos poder darle sentido a lo que está pasando y la muerte no siempre tiene sentido, muchas veces es inesperada y tremendamente injusta, cuando nos centramos en esas emociones no facilitamos el cierre, sino la rabia, la ira, el malestar y eso puede complicarnos mucho el proceso de duelo. No se trata de que exista una única forma correcta de despedirse, sino de reconocer que algún tipo de cierre facilita la integración emocional, aunque no quieras porque no quieras aceptar lo que ha sucedido.
Para finalizar me gustaría explicar que realizar el duelo no significa olvidarse de esa persona, a veces tenemos miedo a elaborar el duelo porque no queremos “olvidarnos” de quien ya no está, pero, despedirse no significa soltar el amor ni borrar la memoria. Al contrario: implica transformar el vínculo. Pasamos de una relación física y cotidiana a una relación interna, simbólica, que nos acompaña de otra manera. Ojalá no tuviéramos que hacerlo, pero la muerte forma parte de la vida.
El duelo no elimina el sufrimiento, pero lo encuadra. Permite que el dolor tenga un espacio, un tiempo y un significado. Y esto es fundamental: «hacer el duelo» no es olvidar, un buen adiós no es olvidar, es poder continuar respirando un poquito mejor cada día, llorando un poquito menos cada día e incluso recordando con cariño, risas y anécdotas a quien ya no está.
Si te encuentras en un proceso de duelo y crees que te está costando continuar, cuenta conmigo, podemos intentar transitar este momento para que sea algo menos doloroso.
«Un buen adiós es un acto de amor, es reconocer la importancia que esa persona tuvo en tu vida, honrar lo compartido y permitirnos seguir adelante sin culpa»
Alguno recursos interesantes para personas en duelo:
Libros para adult@s:
Alba Payás. El mensaje de las lágrimas.
Brothers, J. (1992) Vivir sin él. Barcelona: Ed. Grijalbo.
Bucay, J. (2016) El camino de las lágrimas.
Colgrove, M; Boomfield, H; Mc Wiliams, P. (2007) Cómo sobrevivir a la pérdida de un amor.
Guía de duelo para familiares. Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL).
Worden, W. (1991) El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona: Paidós.
Libros para niñ@s:
Más allá.
El árbol de los recuerdos.
El otoño de Fredy la hoja.
¿Qué viene después del mil?.
El duelo en el entorno educativo
Material audiovisual:
Corto ¿Cómo ayudar a un zombie?.
Documental serie Tabú: Y al final, la muerte. Jon Sistiaga.
Documental: «Compañeros de Viaje» y «Remontando el vuelo”. Elsa Sierra. (youtube).
Documentos TV. El último viaje. · La decisión de Anne. · Película Coco. · Planta 4ª. · Quédate a mi lado. · Un monstruo viene a verte. · Vivir para siempre.