POR-NO hablar. La importancia de la educación sexual.

Hace unos meses se lanzó la campaña “PORNO, por no hablar”, una campaña que alerta a las familias de los efectos psicológicos, emocionales y fisiológicos del consumo de pornografía por parte de niños/as y adolescentes, y que recuerda la necesidad de una educación sexual positiva, basada en la igualdad y el buen trato. Según datos oficiales, en España el primer contacto con la pornografía suele ocurrir entre los 8 y los 10 años, y 6 de cada 10 adolescentes consumen este tipo de contenido, con casi la mitad de ellos reconociendo que lo ven “demasiado”.


A los 8-10 años cuando aún no se tiene un modelo mental de quienes son como personas individuales ni en relación al mundo ya tienen acceso a pornografía, una pornografía en muchos casos no buscada, el 30% afirma que se la encuentra de manera accidental, mediante chat de juegos en línea, o en redes sociales. Y todo esto ocurre sin que las familias sean conscientes de nada: el 77% de los/as adolescentes nunca ha hablado sobre pornografía con sus familias y el 50% nunca ha hablado sobre sexualidad.


“Es prácticamente imposible escapar: está en el chat de la play, en X, en grupos de WhatsApp, cuando descargo una app…”. Chico de 14 años.


El 60,2% de los y las jóvenes (el 72,1% en el caso de los chicos) en nuestro país consumen pornografía como medio para aprender sobre sexualidad, la pornografía se convierte en su escuela para las relaciones afectivas, el consentimiento, el placer… un 56% de los jóvenes afirma que el porno les ayuda a conocer y comprender mejor el sexo y un 49% que les sirve como fuente de inspiración…Un problema que se agrava cuando las investigaciones realizadas aluden al contenido de los vídeos de pornografía que consumen los menores y que se dividen en tres categorías principales: la pornovenganza, violaciones grupales e incestos. Un sexo lleno de violencia que perpetúa los estereotipos de género y que evoca una sexualidad irreal está dañando la autoestima y el autoconcepto de nuestros/as niños/as y jóvenes, y como sociedad lo estamos permitiendo,estamos fracasando.


Estudios nacionales e internacionales apuntan a que, aunque la pornografía no es la única responsable de la violencia de género o sexual, pornografía y violencia sí que están relacionados. El 88% del porno que consumen contiene violencia física contra las mujeres, en muchos casos extrema, un contenido hecho para asustar, no para excitar, este tipo de pornografía concibe nuevas generaciones de chicos que no son capaces de sentir el dolor de las mujeres. En su última Memoria anual, la Fiscalía General del Estado ha advertido de un “alarmante” incremento del 116% de las agresiones sexuales perpetradas por menores en España en los últimos cinco años.


Los chicos y chicas que consumen pornografía también presentan una distorsión de su imagen corporal, su imagen ideal es la del cuerpo perfectamente diseñado en los cánones estéticos normativos algo que en la vida real no sucede, esto genera inseguridades y dificultades para vivir relaciones afectivas y sexuales basadas en el respeto propio y ajeno.


¿Qué podemos hacer? Educación sexual desde la infancia: una herramienta esencial para crecer con seguridad y respeto.


Adoptar una educación sexual que incluya el análisis crítico de la pornografía y promueva valores de respeto, consentimiento y bienestar emocional no es solo una estrategia educativa, sino una herramienta de salud pública y de prevención de daños psicológicos asociados a la desinformación y los modelos sexuados distorsionados.


La sexualidad forma parte del desarrollo humano desde el nacimiento. Y, aunque solemos asociarlo a una cuestión física o biológica no se trata solo de eso, sino también (y, sobre todo) a cómo nos relacionamos con nosotros/as mismos/as y con los/as demás. La sexualidad tiene que ver con los límites, con el respeto por nuestro propio cuerpo, nos ayuda a comprender nuestras emociones y a construir vínculos saludables, y esto no se aprende por arte de magia, esto hay que trabajarlo en casa y en los centros educativos. Sin embargo, la realidad es que hay hogares en los que no se habla de sexualidad y centros educativos que se ven privados de talleres de educación sexual de calidad, por tanto, ¿en manos de quién recae la educación sexual de nuestros/as hijos/as? Como hemos visto, en manos de fuentes accesibles, interesadas, no formales y súper inmediatas…la pornografía.


Para que entendamos el efecto que tiene la pornografía en el cerebro a nivel fisiológico es importante que sepamos que la pornografía activa los mismos mecanismos de recompensa en el cerebro que las drogas, es decir, cada vez necesitas más para sentirte saciado/a y con ello el contenido consumido es cada vez más extremo y menos real. Es importante añadir, además, que el cerebro adolescente tiene una amígdala (emociones) muy activa y una corteza prefrontal (juicio) aún en desarrollo, y esta brecha biológica hace que el/la menor no tenga las herramientas biológicas para «filtrar» o racionalizar lo que está viendo, los/as niños/as normalizan la violencia sexual y la llaman sexo: insultar, escupir, coger del cuello hasta casi asfixiar… Así lo definen en los talleres de educación sexual, y así están siendo sus primeras prácticas sexuales.


A raíz de este consumo que lleva años sucediéndose, una casuística nueva que nos estamos encontrando en consulta (y con una frecuencia abrumadora) son hombres menores de 35 años con problemas de erección y excitación, con un historial de consumo de pornografía, hombres que buscan ayuda para dejar de consumir pornografía y poder encontrar satisfacción en sus relaciones reales, una casuística que no nos habíamos encontrado nunca hasta este momento. Su cerebro se ha anestesiado ante el sexo real porque busca estímulos extremos e irreales como los que ha visto y consumido durante años, sumado a la percepción de que nunca van a rendir de esa manera, evidentemente ya que el porno es falso, es un producto audiovisual que genera millones y millones y que por tanto tiene una narrativa muy dirigida, sabe a qué público tiene que dirigirse y con qué fin, la adicción.


En resumen: Los riesgos de no educar en sexualidad


Cuando no existe una educación sexual adecuada, los niños y adolescentes quedan vulnerables a desinformación y mitos que circulan en Internet, donde la pornografía, a falta de diálogo familiar o escolar, puede convertirse en su “escuela principal”. Este vacío informativo puede:

  • Normalizar comportamientos violentos o deshumanizantes, ya que gran parte de la pornografía accesible presenta escenarios que no reflejan relaciones consensuadas ni respeto mutuo.
  • Generar expectativas irreales e inseguridades sobre el propio cuerpo, la intimidad y el rendimiento sexual.
  • Dejar sin herramientas a los/as jóvenes para identificar el consentimiento o el abuso, lo que puede aumentar la vulnerabilidad a experiencias traumáticas o relaciones dañinas.
  • Incrementar el riesgo de embarazo no deseado o infecciones de transmisión sexual por falta de conocimiento y habilidades para protegerse.

Como psicólog@s, educadores/as o padres y madres, nuestro desafío es transformar el silencio en conversación, el tabú en aprendizaje, y la confusión en comprensión. Sólo así estaremos realmente protegiendo el desarrollo emocional y cognitivo de la infancia y la adolescencia.

Fuentes interesantes:

Memoria anual 2024 Ministerio Fiscal.

Save the Children