Muchas personas cuando llegan por primera vez a consulta lo hacen con dudas e ideas preconcebidas sobre lo que es —o debería ser— una sesión de psicología. Es habitual encontrarse con creencias como: “me sentaré en un diván y hablaré sin parar”, “me enseñarán imágenes en blanco y negro y me preguntarán qué veo” o incluso “me van a leer la mente”. Nada de eso es lo que vas a encontrar (al menos, en principio) en una consulta de psicología.
Es cierto que, en algún momento puntual, puede ser necesario realizar algún cuestionario o incluso utilizar técnicas proyectivas como el Test de Rorschach —esas famosas imágenes en blanco y negro—, aunque hoy en día están bastante en desuso. También puede ocurrir que te recuestes para practicar técnicas de regulación emocional, como respiraciones o meditaciones. Y no, por si quedaba alguna duda: nadie va a leerte la mente.
En terapia se habla, sí, pero también hay silencios. Se observan y analizan patrones de pensamiento y de comportamiento que generan malestar, y se inicia un proceso activo y consciente de cambio. Puede que tengas que mirar hacia lugares internos que no resultan especialmente cómodos, o puede que descubras recursos y capacidades que no sabías que tenías. Nada de eso es magia: es tu trabajo constante, acompañado por tu psicólogo o psicóloga, hasta que puedas caminar por ti mismo/a.
¿Cuándo ir a terapia?
No todas las personas estamos preparadas para iniciar terapia en cualquier momento. Cada una tiene sus tiempos, y cuando no es el momento, simplemente no lo es. En consulta escucho a menudo frases como: *“con lo bien que me siento ahora, me da rabia no haber empezado antes”. Mi respuesta siempre es la misma: *“no era tu momento; tu momento es ahora, cuando estás abierto/a a escuchar, entender y cambiar”.
Del mismo modo que cada persona tiene su propio ritmo, no todo el mundo encaja con su primer/a terapeuta. Y esto es fundamental. Investigaciones recientes muestran que el vínculo terapéutico influye hasta en un 60 % en el éxito del tratamiento. La empatía, la escucha, la responsabilidad compartida y el respeto sin juicios que se construyen en consulta hacen que el proceso sea más eficaz y profundo. Por eso, si decides empezar terapia y no te sientes cómodo/a con el profesional que te acompaña, cambiar es una decisión sana y responsable.
El proceso terapéutico no es sencillo, y dar el primer paso suele ser lo más difícil. A veces evitamos abrir esas “cajitas de Pandora” que creemos bien cerradas (spoiler: si son cajas de Pandora, nunca lo están 😉). Otras veces queremos ser autosuficientes, no necesitar ayuda, o aparecen la vergüenza y la culpa, que no dejan de ser nuestro propio juicio jugando en contra. Pero cuando das con la persona adecuada, todo eso empieza a desvanecerse, muchas veces desde la primera sesión.
Y entonces ocurre algo especial: empiezas a sentirte mejor, a ver el camino, a darte cuenta de que puedes hacerlo de otra manera, a confiar en tu proceso. Ese momento se parece mucho a la magia… pero no lo es. Es tu valentía enfrentándose al cambio que supone empezar a cuidarte.
Si estás en ese punto en el que te planteas iniciar terapia, mucho ánimo. Puede parecer difícil al principio, pero cuando empiezas a caminar y a trabajar las piedras que llevas en la mochila, todo se vuelve infinitamente más ligero. Y si ya estás en ello, continúa: estás construyendo una versión más consciente y auténtica de ti.
Enlaces a algunos artículos interesantes sobre el tema, por si te apetece seguir leyendo sobre esto:
https://www.therappy.ca/assets/content/studies/Therapeutic_Alliance_and_Outcome_of_Psychotherapy.pdf