Hay relaciones que empiezan despacio. Un café, una conversación, otro café, algunas risas. Poco a poco vamos descubriendo a la otra persona y también vamos descubriendo cómo nos sentimos a su lado. Hay tiempo para ver cómo reacciona cuando algo le sale mal, cómo trata a los demás, qué ocurre cuando se enfada, cuando no está de acuerdo contigo o cuando simplemente tiene un mal día. Hay tiempo para preguntarse si realmente nos gusta, si te sientes cómodo/a, si puedes ser tu mismo/a y si queréis seguir conociéndonos.
Y luego están esas relaciones que parecen empezar a una velocidad completamente diferente, en las que en pocos días alguien puede convertirse en una persona imprescindible. Llegan mensajes constantemente, llamadas, halagos, planes, regalos, declaraciones de amor y palabras que quizá llevábamos mucho tiempo deseando escuchar: “nunca había conectado así con nadie”, “eres justo la persona que estaba buscando”, “siento que te conozco de toda la vida”…
Y, aunque apenas hayan pasado unas semanas, ya se habla de viajes, de vivir juntos/as, de formar una familia o de ese futuro que, de repente, parece estar clarísimo. Claro que, ¿a quién no le gusta sentirse elegido?, ¿a quién no le emociona encontrar a alguien que parece tener tantas ganas de estar con nosotros/as? ¿quién no ha sentido alguna vez ese entusiasmo de los comienzos, cuando todo parece nuevo y especial y ha querido estirarlo y estirarlo?
Lo que conocemos como love bombing, o “bombardeo de amor”, describe una dinámica en la que una persona muestra una cantidad desproporcionada de atención, afecto, halagos, regalos o promesas, especialmente al comienzo de una relación. El problema no está necesariamente en sentir mucho, sino en cuando esa intensidad se convierte en una forma de crear un vínculo demasiado rápido, de generar dependencia o de conseguir algo del otro.
Pero es importante hacer una aclaración: que alguien se enamore rápido, sea muy cariñoso o viva una relación con mucha intensidad no significa, por sí mismo, que exista love bombing, la diferencia suele estar en lo que hay detrás de esa intensidad y, above all, en qué ocurre cuando la otra persona pone límites.
Porque el amor sano también puede ser intenso, puede haber mariposas, ganas de verse continuamente, mensajes hasta altas horas de la noche y esa sensación tan bonita de estar descubriendo a alguien que nos ilusiona. Pero el amor sano no necesita atropellarnos. Alguien puede tener muchísimas ganas de estar contigo y, al mismo tiempo, entender que necesitas seguir viendo a tus amigos/as, trabajar, descansar, estar con tu familia o simplemente pasar una tarde a solas. Puede ilusionarse contigo sin necesitar convertirse en el centro de tu vida.
En el love bombing, sin embargo, la intensidad puede empezar a ocuparlo todo. La otra persona quiere saber dónde estás, qué haces, con quién estás, quiere hablar constantemente, puede molestarse si tardas en responder o si haces planes sin ella, puede interpretar una necesidad normal de espacio como una falta de amor…Y aquí aparece una pregunta que puede ayudarnos mucho a diferenciar una relación intensa de una relación que empieza a resultar problemática: ¿Qué ocurre cuando digo que no? Porque decir “hoy necesito estar sola”, “este fin de semana quiero quedar con mis amigas/os” o “creo que estamos yendo demasiado rápido” debería poder formar parte de una relación sana. No tendría que aparecer el miedo a decirlo. Si ante nuestros límites aparecen enfado, reproches, presión, chantaje emocional, victimización o frases como “si de verdad me quisieras, querrías estar conmigo todo el tiempo”, quizá haya algo que merece la pena observar con más atención.
Pero hay otra característica del love bombing que puede resultar todavía más desconcertante: el cambio.
La persona que al principio estaba pendiente de nosotros/as constantemente puede empezar, de repente, a mostrarse fría o distante, los mensajes disminuyen, las muestras de cariño desaparecen, los planes dejan de ser tan frecuentes y aquello que al principio parecía tan fácil comienza a sentirse como algo que tenemos que conseguir. Y entonces puede ocurrir algo muy humano, intentamos recuperar lo que teníamos al principio con un matiz, responsabilizarnos de lo que está pasando, de ese cambio repentino: “Últimamente está raro/a conmigo”, “Antes me decía que era increíble y ahora parece que todo le molesta”, “Quizá he hecho algo”, “Voy a intentar estar más pendiente”, “Si cambio esto, quizá vuelva a ser como antes”…
Sin darnos cuenta, podemos empezar a vivir pendientes de recuperar a aquella persona que conocimos durante las primeras semanas, y ahí es donde la relación puede convertirse en una auténtica montaña rusa emocional. Un día sentimos que somos la persona más importante del mundo y al siguiente no entendemos qué está pasando, un día recibimos un mensaje precioso y al siguiente llevamos horas esperando una respuesta, un día hacemos planes para el futuro y al siguiente sentimos que estamos molestando… Esta alternancia entre cercanía y distancia puede generar una enorme incertidumbre y con ello un incremento de la dependencia. Y cuando el cariño aparece de nuevo después de un periodo de rechazo o frialdad, puede sentirse todavía más intenso, no necesariamente porque ese cariño sea más grande, but because lo estábamos esperando, necesitandolo en cierto modo, y eso puede hacer que nos aferremos todavía más a esos momentos buenos, reforzando el círculo vicioso del love bombing.
Al recordar aquellos mensajes, aquellas palabras, aquella sensación de ser especiales, aquellos planes…se idealiza lo que fué y nos impide ver lo que hay. Damos mas peso a la versión de esa persona que nos hizo sentir que, por fin, alguien nos veía de verdad y podemos empezar a vivir intentando volver a ese momento constantemente. Si esto se cronifica, esa dinámica puede afectar a nuestra autoestima y a nuestra tranquilidad, es muy facil sentirse vulnerable e inseguro/a, y al estar constantemente pendientes de las reacciones de nuestra pareja aparecer la ansiedad ante cualquier cambio en su comportamiento, volviendo a la rueda del “y si he hecho algo mal? y si hemos dicho algo que no debíamos? y si estoy pidiendo demasiado? y si somos demasiado sensibles?… Y poco a poco puede ocurrir algo especialmente doloroso: dejamos de confiar en nuestra propia percepción, ya no sabemos muy bien si aquello que sentimos es una señal de alarma o si estamos exagerando. Por eso hay una pregunta que puede ser mucho más útil que “¿estoy exagerando?” y es:
¿Cómo me siento habitualmente dentro de esta relación? ¿Estoy tranquilo/a?, ¿puedo decir que no?, ¿puedo expresar lo que necesito?, ¿puedo mantener mi vida, mis amistades y mis espacios? ¿siento que puedo ser yo mismo/a o paso demasiado tiempo intentando averiguar qué tengo que hacer para que la otra persona vuelva a estar bien conmigo?
Las respuestas a estas preguntas pueden decirnos mucho, porque una relación no debería convertirse en un lugar en el que sentimos que tenemos que caminar constantemente con cuidado para no provocar una mala reacción.
¿Y si eres tú quien está yendo demasiado rápido?
A veces podemos descubrir que somos nosotros/as quienes escribimos constantemente, necesitamos saber del otro/a todo el tiempo, hacemos planes de futuro demasiado pronto o sentimos que necesitamos estar juntos continuamente. Y reconocerlo puede generar cierta incomodidad.
Lo primero es algo importante: tener una forma intensa de enamorarse no te convierte automáticamente en una persona manipuladora. La clave está en aprender a distinguir entre expresar lo que sentimos y necesitar que la otra persona responda exactamente como nosotros esperamos.
Algunas pautas que te pueden ayudar son:
- Date permiso para sentir sin tener que actuar inmediatamente. Puedes estar muy ilusionado/a, sentir muchísimo y tener ganas de compartirlo todo. Pero sentir algo intensamente no significa que tengas que convertir cada emoción en una acción. Puedes echar de menos a alguien sin escribirle diez veces. Puedes imaginar un futuro juntos sin necesidad de hablar de ello en la segunda cita.
- Pregúntate qué necesitas realmente. Antes de buscar constantemente contacto o confirmación, intenta preguntarte: “¿Quiero compartir esto con esta persona o necesito que me confirme que me quiere?” No es lo mismo expresar afecto que buscar seguridad constantemente a través del otro.
- Aprende a tolerar la incertidumbre. Al principio de una relación no sabemos qué va a pasar, y eso puede resultar incómodo. No necesitamos resolver esa incertidumbre inmediatamente convirtiendo una relación que está empezando en una relación completamente definida.
- Respeta el ritmo de la otra persona. Que tú tengas ganas de ver a la otra persona todos los días no significa que él o ella tenga que sentir lo mismo. Si necesita espacio, no significa necesariamente que haya perdido el interés. Una relación saludable necesita que existan dos ritmos que puedan encontrarse, no que uno de ellos termine imponiéndose.
- Observa qué ocurre cuando la otra persona dice “no”. Este puede ser uno de los ejercicios más importantes. Si no quiere quedar, tarda en responder o necesita estar sola, intenta observar qué aparece en ti, ¿puedes aceptarlo con tranquilidad o sientes enfado, miedo, rechazo o necesidad de reclamar? Presta atención a esto.
- No utilices el afecto como una forma de conseguir algo. Los regalos, los mensajes, los detalles y las palabras bonitas son maravillosos cuando nacen del deseo de expresar cariño, pero ¿lo haces por expresar cariño o por esperar algo a cambio?
- Mantén tu propia vida. Seguir viendo a tus amigos/as, mantener tus aficiones, trabajar, descansar y tener espacios propios no significa querer menos. In fact, una relación suele ser más saludable cuando no tiene que ocupar todos los espacios de nuestra vida.
- Deja que el tiempo haga su trabajo. Quizá esta sea la pauta más importante, no necesitas saber después de dos semanas si esa persona será el amor de tu vida, de hecho, no lo vas a saber, puedes simplemente conocerla, ver cómo trata a los demás, cómo afronta un conflicto, cómo responde cuando algo no sale como quiere, cómo respeta tus límites, cómo os sentís cuando desaparece la novedad…Porque enamorarse también es descubrir, y para descubrir necesitamos tiempo.
Y si al leer esto reconoces algunas de estas conductas en ti, no significa que seas una mala pareja ni que hayas querido manipular a nadie, pero si es una oportunidad para preguntarte qué hay detrás de esa necesidad de acelerar el vínculo.
Cuando este tema sale en consulta siempre utilizo una frase y es que no hay nada que se acerque mas al amor que saber que cada día estás eligiendo estar con esa persona y están eligiendo estar contigo, libremente, sin dependencias, necesidad ni obligación. Y quizá esa sea una de las formas más bonitas de amar: no intentar asegurarnos de que alguien se quede, sino construir una relación en la que las personas que forman parte de ella quieran quedarse.