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	<title>Lydia Polo Psicología</title>
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	<title>Lydia Polo Psicología</title>
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		<title>¿Deben l@s niñ@s conocer las malas noticias del mundo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 06:41:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[empatía]]></category>
		<category><![CDATA[gestión emocional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos días, el incendio que afectó a varios municipios de Almería ocupó durante horas los informativos. Las imágenes de las llamas, el trabajo incansable de los bomberos, las evacuaciones y la incertidumbre de muchas familias llegaron a nuestros hogares casi en tiempo real. Mientras los/as adultos/as seguíamos las noticias intentando entender qué estaba ocurriendo, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días, el incendio que afectó a varios municipios de Almería ocupó durante horas los informativos. Las imágenes de las llamas, el trabajo incansable de los bomberos, las evacuaciones y la incertidumbre de muchas familias llegaron a nuestros hogares casi en tiempo real. Mientras los/as adultos/as seguíamos las noticias intentando entender qué estaba ocurriendo, muchos niños y niñas observaban desde el sofá, hacían preguntas o simplemente percibían que algo preocupante estaba sucediendo.</p>



<p>Vivimos en una época en la que las malas noticias parecen no dar tregua, un día hablamos de una guerra, al siguiente de una inundación devastadora, después de un terremoto, un atentado, asesinatos por violencia de género o accidentes ocupan todos los días los titulares. Las redes sociales y los teléfonos móviles hacen que la actualidad entre en nuestras casas a cualquier hora, sin pedir permiso. Ante este escenario, muchas madres y padres se hacen la misma pregunta: <strong>¿Es bueno que los niños conozcan estas noticias o deberíamos intentar protegerlos de ellas?</strong></p>



<p>La respuesta para esta pregunta, como ocurre con muchas cuestiones relacionadas con el desarrollo infantil, no está en los extremos, <strong>ni ocultar completamente la realidad ni exponerles sin límites</strong>. Lo verdaderamente importante es <strong>cómo les acompañamos para comprender aquello que ven y escuchan</strong>.</p>



<p>En primer lugar, es importante contextualizar que los niños y las niñas <strong>viven en el mismo mundo que l@s adult@s</strong>, y que además ven y escuchan mucho más de lo que imaginamos, oyen nuestras conversaciones, ven titulares en la televisión de una cafetería, escuchan comentarios en el colegios o descubren vídeos en dispositivos que ni siquiera son suyos, y, aunque no comprendan todos los detalles, perciben con total claridad nuestras expresiones de preocupación, nuestros silencios y nuestros cambios de ánimo cuando sucede algo malo.</p>



<p>Y cuando no entienden lo que ocurre, hacen lo mismo que hacemos los/as adultos/as,<strong> intentan darle sentido</strong>, con la diferencia de que el cerebro infantil todavía está construyendo su forma de interpretar el mundo, y cuando faltan explicaciones, la imaginación suele rellenar esos vacíos&#8230;que muchas veces se llenan creando escenarios más amenazantes que la propia realidad.</p>



<p>Por ejemplo: Un niño que escucha hablar de una guerra puede pensar que los soldados podrían llegar a su ciudad, una niña que ve imágenes de un terremoto puede preguntarse si su casa también se derrumbará mientras duerme, o después de ver un incendio, un niño puede sentir miedo cada vez que huele humo o vea un bosque desde la carretera, no porque sea irracional, sino porque su cerebro todavía está aprendiendo a distinguir <strong>entre lo posible, lo probable y lo inmediato.</strong></p>



<p><strong>Existe una idea muy extendida y es que si no hablamos de algo, evitaremos que los/as niños/as sufran</strong>, sin embargo, la experiencia clínica y la investigación en psicología muestran que <strong>el silencio rara vez elimina el miedo</strong>, simplemente <strong>deja al niño/a solo/a con sus dudas.</strong></p>



<p>Sigo con un ejemplo; imaginemos que una niña escucha en el colegio que ha habido una guerra y que «<em>han muerto muchas personas</em>«, llega a casa, observa que su familia está viendo las noticias, pero nadie le explica nada porque piensan que es demasiado pequeña. Esa noche puede acostarse angustiada preguntándose si algo parecido puede ocurrir donde ella vive, no necesita conocer los detalles del conflicto, necesita que alguien le diga: <em>«Lo que está ocurriendo es muy triste, pero está sucediendo lejos de aquí. Hay muchas personas trabajando para ayudar y nosotr@s estamos seguros.»</em></p>



<p>En muchas ocasiones, <strong>una explicación sencilla reduce mucho más la ansiedad que evitar completamente el tem</strong>a.</p>



<p>Cuando explicamos la realidad a los/as menores, es importante tener también un enfoque positivo, las noticias no solo muestran tragedias, también <strong>pueden ser un buen espacio para hablar de solidaridad, cooperación y capacidad de superación</strong>. Cuando explicamos a un/a niño/a cómo trabaja un equipo de bomberos durante un incendio, cómo los equipos sanitarios atienden a las personas heridas tras un terremoto o cómo miles de voluntarios/as colaboran cuando ocurre una catástrofe natural, estamos enseñándoles algo muy importante, y es que <strong>incluso en los momentos difíciles, las personas somos capaces de cuidarnos unas a otras.</strong></p>



<p>También podemos aprovechar estas conversaciones para desarrollar valores como la <strong>empatía</strong>. Cuando un/a niño/a pregunta por qué unas familias han tenido que abandonar su casa debido a un incendio, podemos invitarle a pensar cómo se sentiría él o ella en esa situación y qué cosas podrían ayudar a esas personas. No se trata de generar culpa, sino de fomentar la capacidad de ponerse en el lugar del otro. <strong>La empatía no nace de evitar el sufrimiento ajeno, sino de aprender a comprenderlo.</strong></p>



<p>Como ya vimos <mark style="background-color:rgba(0, 0, 0, 0)" class="has-inline-color has-vivid-cyan-blue-color"><a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/que-pasa-en-el-cerebro-cuando-vemos-las-noticias/" target="_blank" rel="noopener" title="">en un post anterior</a>,</mark><strong> el problema no son solo las noticias, sino cómo las consumimos</strong>, hace apenas una década las noticias se veían por la noche, y en ocasiones al medío día. Hoy las noticias llegan de forma constante, una misma imagen puede aparecer cientos de veces en un solo día en distintos canales, redes sociales y aplicaciones&#8230;esto, que para una persona adulta es una sobrecarga sin ninguna duda, para un/a niño/a tiene un impacto muchísimo mayor, puesto que en función de la edad <strong>los/as menores no interpretan eso como una repetición de la noticia sino como si el acontecimiento estuviera ocurriendo una y otra vez</strong>, si cada vez que mira una pantalla aparecen imágenes de llamas, explosiones o personas llorando, puede llegar a pensar que el mundo entero vive permanentemente en peligro. Por lo que no es de extrañar que algunas de las señales de sobreexposición a las noticias sea que nuestros/as hijos/as presenten miedo a separarse de nosotros/as, dificultades para dormir o preocupaciones excesivas para las que no tienen ni edad ni capacidad de gestión.</p>



<p>Cada edad necesita una explicación diferente, y uno de los errorres mas habituales en la crianza es ofrecer la misma explicación a un niño de 6 años, que a una de 4 o a un/a adolescente. No necesitan lo mismo. </p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Los/as niños/as pequeños/as buscan seguridad, <strong>quieren saber si ellos/as y las personas que quieren están a salvo.</strong></li>



<li>Durante la edad escolar se empiezan a hacer preguntas sobre las causas de lo que ocurre y necesitan respuestas sencillas, sinceras y<strong> adaptadas a su capacidad de comprensión.</strong></li>



<li>Los/as adolescentes, por su parte, suelen interesarse por las <strong>consecuencias sociales, políticas o medioambientales de las noticias.</strong> En esta etapa, conversar con ellos/as también favorece el <strong>pensamiento crítico </strong>y les ayuda a distinguir entre información fiable y desinformación, especialmente en un momento en el que las redes sociales se han convertido en una de sus principales fuentes de información.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Educar emocionalmente también significa enseñar a mirar el mundo</h2>



<p>No podemos construir una infancia completamente aislada de la realidad, y tampoco deberíamos hacerlo. Nuestros/as hijos/as crecerán en un mundo donde seguirán existiendo incendios, guerras, catástrofes naturales, conflictos sociales y noticias difíciles de aceptar y comprender. Y pienso que nuestra misión no es convencerles de que el mundo es perfecto, sino ayudarles a descubrir que, incluso cuando ocurren cosas dolorosas, existen <strong>personas que ayudan, comunidades que se unen y recursos para afrontar la adversidad.</strong></p>



<p>Quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas que podemos ofrecerles, porque la verdadera seguridad no nace de creer que nunca pasará nada malo, <strong>nace de saber que, cuando la vida se vuelve difícil, contamos con personas que nos escuchan, nos explican lo que no entendemos y nos ayudan a encontrar la calma</strong>, y esto es algo que los/as niños/as si que recordarán cuando sean adultos/as.</p>



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		<title>Secreto Profesional</title>
		<link>https://www.lydiapolopsicologia.com/secreto-profesional/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Jul 2026 14:34:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[consulta]]></category>
		<category><![CDATA[emociones.]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[secreto profesional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando una persona acude por primera vez a la consulta de psicología suele compartir una preocupación que rara vez expresa en voz alta: «¿Y si alguien se entera de lo que cuento aquí?» No es una duda menor. Hablar de una infidelidad, una depresión, un conflicto familiar, una adicción o un trauma requiere sentirse con [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando una persona acude por primera vez a la consulta de psicología suele compartir una preocupación que rara vez expresa en voz alta:<strong> <em>«¿Y si alguien se entera de lo que cuento aquí?»</em></strong></p>



<p>No es una duda menor. Hablar de una infidelidad, una depresión, un conflicto familiar, una adicción o un trauma requiere sentirse con la seguridad de que eso no va a trascender mas allá de esas paredes. Precisamente por eso, <strong>el secreto profesional constituye uno de los pilares fundamentales de la psicología.</strong></p>



<p>No es únicamente <strong>una cuestión ética</strong>, en España es también <strong>una obligación legal </strong>que protege la intimidad de las personas y garantiza que la relación terapéutica pueda desarrollarse desde la confianza.</p>



<p>Pero en el fondo ¿<strong>qué es el secreto profesional</strong>? El secreto profesional es el deber que tiene todo/a psicólogo/a de mantener en estricta confidencialidad toda la información obtenida durante el ejercicio de su profesión. Esto incluye mucho más que lo que una persona cuenta en consulta, también están protegidos: las historias clínicas, los resultados de evaluaciones psicológicas, los diagnósticos, las anotaciones profesionales, los informes psicológicos, incluso el hecho de que una persona esté acudiendo a terapia.</p>



<p>En otras palabras:<strong> la confidencialidad comienza desde el mismo momento en que una persona contacta con su psicólogo/a.</strong></p>



<p>Vamos a revisar por un momento la legislación, en España, la confidencialidad del psicólogo está respaldada por diferentes normas legales y deontológicas.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Por un lado, el <strong>Código Deontológico de la Psicología</strong> establece que toda la información obtenida durante el ejercicio profesional está sujeta al deber y al derecho de secreto profesional. <strong>Solo puede levantarse cuando exista un consentimiento expreso del paciente o cuando la ley establezca una excepción concreta</strong>. Los artículos 39 al 43 desarrollan este principio de confidencialidad.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Además, el tratamiento de los datos personales relacionados con la salud está protegido por el <strong>Reglamento General de Protección de Datos (RGPD)</strong> y por la <strong>Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD)</strong>, que consideran estos datos especialmente sensibles y exigen un nivel máximo de protección. </li>
</ul>



<p><strong>Todo ello significa que un/a psicólog@ no puede compartir información de sus pacientes con familiares, empresas, centros educativos o cualquier otra persona sin la autorización correspondiente, salvo en las excepciones previstas legalmente.</strong></p>



<p>Os pongo algunos ejemplos cotidianos que generan dudas:</p>



<p>«<em>¿Puede mi pareja llamar para preguntar cómo estoy?</em>» No. Bueno, llamar puede, pero si tu no das permiso no se le puede dar información sobre tu proceso terapéutico. Aunque la pareja tenga buena intención, el/la psicólogo/a no puede confirmar ni desmentir información sobre el proceso terapéutico sin autorización del/la paciente.</p>



<p>«<em>¿Pueden mis padres conocer lo que cuento en terapia si soy mayor de edad?</em>» Tampoco. Una vez alcanzada la mayoría de edad, la información pertenece exclusivamente al paciente, añado que, aunque sean menores y su familia tenga derecho a saber es importante para la relación terapéutica pedir permiso y explicar el contexto de la información e incluso, si es posible, que el/la menor esté presente mientras se trasmite.</p>



<p>«<em>¿Puede mi empresa pedir un informe psicológico?</em>» Solo si el/la propio/a paciente lo autoriza expresamente y dentro de los límites para los que se haya dado ese consentimiento. </p>



<p>«<em>¿Y si hago terapia online?</em>» La confidencialidad sigue siendo exactamente la misma. La modalidad online exige, además, utilizar plataformas seguras y proteger adecuadamente toda la información clínica conforme a la normativa de protección de datos. </p>



<p>¿Existen excepciones al secreto profesional? Sí, aunque son poco frecuentes. <strong>El secreto profesional no es absoluto</strong>. Existen<strong> situaciones excepcionales</strong> en las que el/la psicólogo/a puede verse obligado a comunicar determinada información:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Cuando existe un riesgo grave e inminente para la vida o la integridad física del propio paciente o de terceras personas.</li>



<li>Cuando un/a juez/a requiere determinada información dentro de un procedimiento legal, en los términos establecidos por la ley.</li>



<li>Cuando el/la propio/a paciente autoriza expresamente la comunicación.</li>



<li>En determinados supuestos relacionados con la protección de menores o personas especialmente vulnerables cuando la legislación obliga a actuar.</li>
</ul>



<p>Estas situaciones son excepcionales y siempre deben valorarse cuidadosamente, procurando revelar únicamente la<strong> información estrictamente necesaria.</strong></p>



<p>Me parece especialmente relevante hablar del secreto profesional porque vivimos en una época donde compartimos gran parte de nuestra vida en redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas digitales, sin embargo, <strong>la consulta psicológica continúa siendo uno de los pocos espacios donde una persona puede hablar sin miedo a ser juzgada, expuesta o utilizada</strong>, y debe seguir siéndolo. Lo que me recuerda que es importante que sepamos que cuando exponemos nuestras vidas, hablamos con un bot de internet o le preguntamos a «chat gpt» sobre nuestras emociones, preocupaciones y sentimientos estamos exponiendo TODA nuestra intimidad, secretos y vulnerabilidad al algoritmo y las tecnológicas que con casi toda seguridad lo van a usar contra ti, solo tendrás que ver los anuncios y noticias que te recomiendan.</p>



<p>Por finalizar, muchas personas llegan preocupadas por pensamientos que consideran «inaceptables», emociones de las que sienten vergüenza o situaciones familiares que <strong>nunca han contado a nadie</strong>. Saber que existe una obligación legal y ética de proteger esa información permite que la terapia se convierta en un espacio <strong>verdaderamente seguro</strong>. No se trata únicamente de guardar un secreto, se trata de ofrecer un lugar donde una persona pueda mostrarse tal y como es, sin máscaras y sin miedo al juicio ni las consecuencias, porque la <strong>confianza </strong>es una de las herramientas mas poderosa del proceso terapéutico.</p>



<p>Cada historia merece ser escuchada con respeto, y cada emoción merece un espacio seguro, cuidar la salud mental también significa<strong> cuidar la intimidad de quien decide pedir ayuda.</strong></p><p>The post <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/secreto-profesional/">Secreto Profesional</a> first appeared on <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com">Lydia Polo Psicología</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Detrás de la máscara: Lo que realmente esconde una persona narcisista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Jun 2026 10:46:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[narcisismo]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[terapia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Seguro que alguna vez has escuchado a alguien decir: “Es un/a narcisista”. De hecho, en los últimos años esta palabra se ha vuelto muy habitual en conversaciones, redes sociales e incluso en el lenguaje cotidiano, ¿quien no conoce a alguien a quien definiría como narcisista?. En psicología, el narcisismo va mucho más allá de una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Seguro que alguna vez has escuchado a alguien decir: “<em>Es un/a narcisista”</em>. De hecho, en los últimos años esta palabra se ha vuelto muy habitual en conversaciones, redes sociales e incluso en el lenguaje cotidiano, ¿quien no conoce a alguien a quien definiría como narcisista?.</p>



<p>En psicología, el narcisismo va mucho más allá de una persona presumida o alguien que disfruta llamando la atención. Se trata de <strong>una forma de relacionarse con un@ mism@ y con los demás que puede generar un importante sufrimiento</strong>, tanto para quien presenta estos rasgos como para quienes conviven con ella.</p>



<p>Cuando hablamos de narcisismo solemos imaginar a alguien seguro de sí mismo, con una autoestima muy elevada y una gran confianza personal. Sin embargo, en muchos casos ocurre justamente lo contrario: detrás de esa imagen de fortaleza puede esconderse una <strong>profunda necesidad de reconocimiento y validación.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué entendemos realmente por narcisismo?</h2>



<p>Todas las personas necesitamos sentirnos valoradas. Nos gusta que reconozcan nuestro esfuerzo, sentirnos apreciados/as y tener una imagen positiva hacia dentro y hacia afuera. Esto es completamente normal y forma parte de una<strong> autoestima saludable.</strong> El<strong> problema aparece cuando la necesidad de admiración se convierte en algo constante y la propia persona pasa a ocupar el centro de todo</strong>. En esos casos, las relaciones, las conversaciones e incluso los conflictos suelen girar alrededor de sus necesidades, emociones y expectativas.</p>



<p>Las personas con rasgos narcisistas suelen tener dificultades para ponerse en el lugar de los demás, aceptar críticas o reconocer errores. No necesariamente porque quieran hacer daño, sino porque <strong>cualquier cuestionamiento puede vivirse como una amenaza para una autoestima</strong> que, en el fondo, resulta mucho más frágil de lo que aparenta.</p>



<p>Una pregunta importante a responder sería, ¿de donde viene el narcisismo? ¿por qué una persona e así?, y la respeusta es que <strong>no existe una única causa que explique por qué una persona desarrolla rasgos narcisistas.</strong> Como ocurre con muchos aspectos de la personalidad, suele ser el resultado de diferentes experiencias y circunstancias acumuladas a lo largo de la vida. En consulta, cuando exploramos la historia personal de alguien con este tipo de funcionamiento, encontramos trayectorias muy distintas. <strong>Algunas personas crecieron recibiendo una admiración excesiva y constante, mientras que otras vivieron experiencias de crítica, rechazo o exigencia que dejaron huellas emocionales importantes.</strong></p>



<p>En muchos casos, el narcisismo puede entenderse como <strong>una estrategia de protección</strong>. Una forma de construir una imagen fuerte y admirada para evitar entrar en contacto con sentimientos más dolorosos, como la inseguridad, la vergüenza o el miedo al rechazo.</p>



<p>Por eso, aunque desde fuera puedan parecer personas extremadamente seguras, internamente pueden depender mucho de la aprobación de los demás para sentirse valiosas, y llega un momento en el que la admiracion de los demás no es suficiente. Uno de los aspectos más llamativos del narcisismo es que la validación externa rara vez logra llenar el vacío que intenta compensar. <strong>Por mucho reconocimiento que reciba la persona, suele necesitar más</strong>. Un éxito lleva al siguiente, un elogio deja de ser suficiente y la búsqueda de admiración se convierte en una especie de carrera sin meta.</p>



<p>Esto puede generar una<strong> gran insatisfacción persona</strong>l. Porque cuando la autoestima depende casi exclusivamente de lo que los demás piensan o reconocen, cualquier crítica, rechazo o fracaso se vive con una <strong>intensidad desproporcionada.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Narcisismo y relaciones de pareja</h2>



<p>Capítulo aparte merecen las <strong>relaciones de pareja con una persona narcisista</strong>, ya que probablemente es en las relaciones afectivas donde los rasgos narcisistas se hacen más visibles y generan un mayor impacto emocional, también en las relaciones familiares las personas narcisistas suelen desarrollar sus estrategias de control con bastante libertad.</p>



<p>Muchas personas que han mantenido una relación con alguien narcisista describen una experiencia parecida. Al principio todo parece intenso, emocionante e incluso ideal. La otra persona muestra un gran interés, dedica mucha atención y hace sentir especial a su pareja. Es una etapa que suele vivirse con mucha ilusión.</p>



<p>Sin embargo, con el paso del tiempo la dinámica puede cambiar. La admiración inicial deja espacio a las críticas, las exigencias o la indiferencia emocional. Lo que antes parecía una conexión profunda comienza a convertirse en una relación donde una de las partes siente que sus necesidades cuentan cada vez menos.</p>



<p>No ocurre siempre de la misma manera, pero es frecuente que aparezcan situaciones en las que la pareja acaba adaptándose constantemente para evitar conflictos, intentando satisfacer expectativas que parecen cambiar continuamente, convirtiendose en una <strong>persona completamente manipulada</strong>.</p>



<p>Uno de los efectos más dolorosos (y peligrosos) de estas relaciones es que el desgaste suele ser progresivo.No suele producirse de un día para otro. Más bien aparece poco a poco, casi sin que la persona se dé cuenta. Un <strong>desgaste emocional</strong> que se vive con mucho dolor y sufrimiento.</p>



<p>Empieza cuestionándose si ha exagerado una discusión. Después se pregunta si realmente tiene derecho a sentirse molesta/o. Más adelante puede llegar a desconfiar de sus propias emociones o incluso de su percepción de lo que ocurre. Con el tiempo pueden aparecer sentimientos de ansiedad, culpa, inseguridad o una <strong>disminución importante de la autoestima.</strong> Muchas personas llegan a consulta diciendo algo parecido a esto: <em>«Ya no sé si el problema soy yo.»</em></p>



<p>Y precisamente esa confusión suele ser una de las consecuencias más frecuentes cuando se permanece durante mucho tiempo en una relación emocionalmente desequilibrada, que <strong>pierdes la perspectiva de la realidad.</strong></p>



<p>Si sientes que tienes una relación con una persona narcisista, o vives en familia con una persona narcisista, es importante que trabajes <strong>los límites</strong> (entre otras cosas):</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Recupera tus propias necesidades <em>«¿qué quiero yo?» «¿qué necesito yo?»</em></li>



<li>Establece límites y expresa desacuerdos, el egoísmo está muy denostado pero es fundamental un <strong>egoísmo positivo </strong>para conocer tus propios limites y poder expresarlos.</li>



<li>No intentes que la otra persona cambie, <strong>una persona solo cambia cuando se responabiliza de si mismo/a y de sus actos.</strong></li>
</ul>



<p><strong>Comprender el narcisismo no implica justificar comportamientos dañinos.</strong> Significa entender que detrás de cada forma de relacionarse existe una historia, unas experiencias y unas necesidades emocionales que merecen ser exploradas. Y, sobre todo, nos recuerda algo fundamental: la<strong>s relaciones más sanas no son aquellas en las que una persona ocupa todo el espacio, sino aquellas en las que ambos/as pueden sentirse vistos, escuchados y valorados.</strong></p>



<p></p><p>The post <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/detras-de-la-mascara-lo-que-realmente-esconde-una-persona-narcisista/">Detrás de la máscara: Lo que realmente esconde una persona narcisista</a> first appeared on <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com">Lydia Polo Psicología</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Qué somos?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2026 09:09:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[gestión emocional]]></category>
		<category><![CDATA[humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Cuando una sociedad pierde la capacidad de convivir con la diferencia, empieza a empobrecerse emocionalmente». Esto es algo que estamos viendo cada vez más, nos cuesta escuchar sin reaccionar, comprender sin juzgar o aceptar que alguien piense distinto sin convertirlo automáticamente en un/a enemigo/a. Ser tolerante no significa estar de acuerdo con todo. Significa entender [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:33.33%">
<p class="has-text-align-center"><em>«Cuando una sociedad pierde la capacidad de convivir con la diferencia, empieza a empobrecerse emocionalmente».</em></p>



<p></p>
</div>
</div>



<p>Esto es algo que estamos viendo cada vez más, nos cuesta escuchar sin reaccionar, comprender sin juzgar o aceptar que alguien piense distinto sin convertirlo automáticamente en un/a enemigo/a.</p>



<p><strong>Ser tolerante no significa estar de acuerdo con todo</strong>. Significa entender que detrás de cada persona hay una historia que no conocemos del todo. Muchas veces, aquello que criticamos en otros/as, aquello que a veces nos hace reaccionar con miedo o con ira hacia otros/as, es solo la parte visible de heridas, miedos o experiencias que no vemos, que no comprendemos y que nos hacen sentir inseguridad. Comprender esto <strong>no implica justificar cualquier comportamiento</strong>, pero sí nos permite mirar a los demás con algo más de profundidad y bastante menos dureza.</p>



<p>Quizá por eso la pregunta importante sea: <strong>¿cómo volvemos a ser más humanos?</strong> Probablemente la respuesta no esté en grandes discursos ni en frases perfectas, sino en pequeños gestos cotidianos que parecen simples, aunque hoy en día requieran muchísimo esfuerzo. Escuchar de verdad, por ejemplo, escuchar no para responder rápido, sino para intentar entender qué siente la otra persona, incluso cuando no pensamos igual. </p>



<p>Aprender a tolerar el desacuerdo también es parte de esa humanidad. <strong>No toda opinión diferente es un ataque personal. </strong>Madurar emocionalmente implica aceptar que convivir significa, muchas veces, soportar la incomodidad de no tener siempre razón. Al final, las personas más seguras no son las que más gritan, sino las que pueden dialogar <strong>sin necesidad de destruir al/la otro/a.</strong></p>



<p>También necesitamos <strong>volver a humanizar el sufrimiento</strong>. Detrás de muchos comportamientos difíciles suele haber dolor, miedo, frustración o una enorme sensación de soledad. Vivimos en una época en la que se habla constantemente de salud mental, pero donde a veces falta algo mucho más básico: <strong>compasión real</strong>. </p>



<p>Y quizá otra de las cosas que hemos perdido es la capacidad de ir más despacio emocionalmente. Hoy todo parece exigir <strong>respuestas inmediatas, opiniones inmediatas y soluciones inmediatas</strong>. Pero hay conversaciones que necesitan pausa, la prisa constante nos vuelve reactivos; la calma, en cambio, nos acerca más a quienes somos.</p>



<p><strong>Porque, aunque a veces no lo parezca, las sociedades no se sostienen solo por leyes, tecnología o economía. Se sostienen gracias a millones de pequeños actos invisibles: personas que escuchan, personas que ayudan, personas que ponen límites sin humillar, personas capaces de dialogar y personas que deciden no responder al dolor con más violencia.</strong></p>



<p><strong>Porque vivimos en una sociedad hiperconectada digitalmente y, al mismo tiempo, profundamente desconectada emocionalmente</strong> y ser más humanos quizá no parezca algo revolucionario, pero <strong>probablemente sea una de las pocas maneras reales de evitar que una sociedad termine rompiéndose por dentro</strong>, y tal vez el verdadero progreso no se mida únicamente por la productividad, la velocidad o los avances tecnológicos, sino por la forma en la que tratamos a quienes son más vulnerables, más diferentes o más frágiles.</p>



<p></p><p>The post <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/que-somos/">¿Qué somos?</a> first appeared on <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com">Lydia Polo Psicología</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>No puedo parar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 May 2026 17:25:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[gestión emocional]]></category>
		<category><![CDATA[parar]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[sistema nervioso]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay personas que no saben parar. Y no porque no estén cansadas. Precisamente porque lo están. Personas que enlazan tareas sin descanso, que sienten ansiedad cuando tienen tiempo libre, que convierten cualquier momento de calma en una oportunidad para “aprovechar”. Personas que responden correos mientras comen, que piensan en lo siguiente incluso durante una conversación [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="has-text-align-center">Hay personas que no saben parar.</p>



<p class="has-text-align-center">Y no porque no estén cansadas.</p>



<p class="has-text-align-center">Precisamente porque lo están.</p>



<p>Personas que enlazan tareas sin descanso, que sienten ansiedad cuando tienen tiempo libre, que convierten cualquier momento de calma en una oportunidad para “aprovechar”. Personas que responden correos mientras comen, que piensan en lo siguiente incluso durante una conversación tranquila, que sienten una especie de incomodidad difícil de explicar cuando no están haciendo nada.</p>



<p>Desde fuera suelen parecer responsables, eficientes, resolutivas, e incluso admirables, pero muchas veces viven en un estado de alerta constante. Y lo más difícil es que, con el tiempo, dejan de notar el agotamiento. El cuerpo se acostumbra a funcionar acelerado.<strong> La tensión se vuelve normal</strong>. La hiperactividad mental parece parte de la personalidad.</p>



<p>“<em>No sé relajarme</em>» es una frase que escucho con frecuencia en consulta. Y detrás de ella casi nunca hay pereza, falta de organización o incapacidad para disfrutar, sino que lo que suele haber es un <strong>sistema nervioso que ha aprendido a vivir en modo supervivencia.</strong></p>



<p>Para algunas personas, descansar no genera calma, genera inquietud e incomodidad, porque pueden aparecer pensamientos que no quieren tener, emociones a las que no quieren prestar atención, sensación de vacío, culpa, nerviosismo…Y<strong> entonces vuelven al “hacer”.</strong></p>



<p>Hay personas que crecieron en entornos donde descansar era visto como perder el tiempo, o donde el reconocimiento llegaba únicamente a través del rendimiento, o familias en las que había tanta tensión emocional que estar siempre ocupado era una forma de escapar mentalmente de lo que ocurría alrededor. Otras aprendieron muy pronto a estar pendientes de todo: de los problemas de casa, del estado emocional de otr@s, de no molestar, de hacerlo todo bien. Y <strong>cuando un niño o una niña vive demasiado tiempo en alerta, su cuerpo termina organizándose alrededor de esa vigilancia</strong> y con los años, esa activación puede confundirse con “ser una persona muy activa”. Pero no siempre es energía. A veces es <strong>un estado de supervivencia que nuestro sistema nervioso ha sofisticado.</strong></p>



<p>Nuestro sistema nervioso tiene una función esencial: <strong>ayudarnos a sobrevivir</strong>. Cuando percibe peligro o amenaza, activa mecanismos automáticos para prepararnos, esto mecanismos pueden ser la tensión muscular, acelerar el corazón, incrementar la sensación de alerta y enfocar la energía hacia la acción, es decir, que se activa muy mucho <strong>el sistema nervioso simpático.</strong></p>



<p>El problema aparece cuando el organismo deja de distinguir entre una amenaza real y un estado de exigencia constante. Entonces el cuerpo sigue funcionando “como si algo estuviera pasando”, incluso cuando aparentemente todo está bien. Porque<strong> el cuerpo se ha acostumbrado tanto a la activación que la calma puede sentirse extraña e incluso amenazante.</strong></p>



<p>Además, el contexto actual no ayuda. Vivimos en una sociedad que asocia valor personal con productividad. Descansar suele interpretarse como falta de ambición. Estar ocupado se ha convertido casi en una identidad. Contestamos mensajes mientras caminamos. Consumimos contenido mientras descansamos. Nos sentimos culpables si no estamos aprovechando el tiempo. Incluso <strong>el ocio termina convertido en rendimiento</strong>. Y en medio de todo eso, muchas personas han perdido la capacidad de<strong> simplemente estar.</strong></p>



<p class="has-text-align-center">Sin producir.</p>



<p class="has-text-align-center">Sin optimizar.</p>



<p class="has-text-align-center">Sin justificarse.</p>



<p>Descansar no es tumbarse a mirar el techo, implica <strong>aprender </strong>que no hace falta estar alerta todo el tiempo. Que el cuerpo puede aflojar. Que no todo depende de un@. Que parar no significa ser inútil, irresponsable o débil. Y eso, a veces, requiere un<strong> trabajo emocional profundo</strong>, porque cuando alguien ha vivido durante años en tensión, el descanso no aparece de golpe, como he comentado anteriormente, lo que suele aparecer primero es el vacío, la incomodidad o la ansiedad.</p>



<p>Por eso no sirve decirle a alguien “relájate”, <strong>no nos regulamos por imposición</strong>, nos regulamos cuando empezamos a sentirnos segur@s, cuando entendemos por qué nuestro cuerpo siente que necesita seguir corriendo incluso cuando ya está agotado, <strong>ese es el inicio del cambio</strong>.</p>



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		<title>La tiranía del «ya».</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Apr 2026 19:40:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[espera]]></category>
		<category><![CDATA[inmediatez]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
		<category><![CDATA[ya]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No hace tanto tiempo, esperar era algo normal. Formaba parte de la vida sin que lo cuestionáramos. Esperábamos una carta, el revelado de unas fotos, el estreno de una película o incluso el momento adecuado para tomar una decisión importante. No era incómodo: simplemente era así. Hoy, en cambio, la espera se ha vuelto casi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>No hace tanto tiempo, esperar era algo normal. Formaba parte de la vida sin que lo cuestionáramos. Esperábamos una carta, el revelado de unas fotos, el estreno de una película o incluso el momento adecuado para tomar una decisión importante. No era incómodo: <strong>simplemente era así.</strong></p>



<p>Hoy, en cambio, la espera se ha vuelto casi intolerable. Vivimos en un entorno donde todo parece diseñado para ocurrir ya, «the time is now». Queremos respuestas inmediatas, resultados rápidos y soluciones sin demora. <strong>Y cuando eso no pasa, nos frustramos.</strong></p>



<p>Con todo esto me pregunto, ¿qué ha cambiado en nuestra forma de vivir el tiempo? creo que fundamentalmente la sensación de que todo debería ser <strong>inmediato</strong>, y ¿cómo hemos llegado hasta este punto? Por la tecnología y el <strong>uso que hacemos de ella.</strong></p>



<p>La tecnología ha acortado los tiempos de una manera impresionante. Podemos comprar, hablar con alguien o «informarnos» en cuestión de segundos. Eso ha hecho que lo rápido deje de ser un lujo para convertirse en lo normal, en lo esperable. El problema aparece cuando intentamos aplicar esa misma lógica a todo. <strong>Hay cosas que, por su propia naturaleza, necesitan tiempo: las relaciones, aprender algo nuevo, crecer como persona o entender lo que sentimos</strong>. No todo puede ir rápido, y forzarlo suele salir caro y llevarnos a errores graves.</p>



<p>Ligado a la necesidad de inmediatez nos encontramos con su némesis, la <strong>espera</strong>. Cada vez toleramos peor la espera, y saber esperar está muy ligado a cómo manejamos la <strong>frustración</strong>. Es decir, <strong>a nuestra capacidad para soportar ese pequeño malestar que aparece cuando algo no ocurre cuando queremos.</strong></p>



<p>Si siempre encontramos una forma de evitar esa incomodidad (porque casi siempre la hay) dejamos de practicar esa capacidad. Y, como pasa con todo, lo que no se entrena se debilita y nos dificulta la vida. Por eso, a veces, cosas pequeñas como un retraso en una entrega, no encontrar algo que estás buscando o una respuesta que no llega a tiempo nos afectan más de lo que debería. </p>



<p>Otro concepto importante cuando hablamos de la inmediatez es la <strong>gratificación instantánea</strong> y como nos engaña. Conseguir algo al momento nos da una potente sensación agradable de manera inmediata, y <strong>todas las empresas que se dedican a ello lo saben</strong>, es (casi) <strong>adictivo</strong>. Pero también tiene un efecto secundario: nos acostumbra a lo rápido y nos hace perder tolerancia a lo que requiere tiempo, que, como hemos visto suelen ser cosas muy importantes, no comprables ni medibles.</p>



<p><strong>Y aquí está la contradicción:</strong> muchas de las cosas que más valor tienen en la vida no son inmediatas. Construir una relación sólida, avanzar en una carrera o cambiar de verdad como persona exige paciencia, constancia y, sí, para todo ello, y mucho mas, necesitamos saber esperar.</p>



<p>Quizá tengamos que <strong>volver a aprender a esperar</strong>, y no se trata de renunciar a la comodidad de lo inmediato, sino de encontrar cierto <strong>equilibrio</strong>. Para intentarlo os propongo<strong> algunas ideas sencillas:</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>No todo es urgente, aunque lo parezca.</li>



<li>Dejar pasar pequeños momentos de espera sin intentar llenarlos automáticamente mirando el móvil o entrando en rrss, solo esperar y observar nuestro alrededor.</li>



<li>Prestar atención al proceso, no solo al resultado final.</li>



<li>Aceptar que hay ritmos que no dependen de nosotros/as.</li>



<li>Respira, para.</li>
</ul>



<p>Si has llegado hasta aquí, te felicito, porque la tiranía del «ya» otra de las cosas que nos ha quitado es la tranquilidad de leer y esperar a ver qué pasa, pensar sobre ello, reflexionar&#8230; ahora sólo queremos ver imágenes con pocas letras, algo directo y concreto que no nos quite tiempo, un tiempo que curiosamente dedicaremos a buscar mas contenido que nos impida pensar, sentir, y relacionarnos desde la calma&#8230;</p>



<p>Esperar no es perder el tiempo, sino que, en muchos casos, es una forma de aprovecharlo de otra manera. Y en esos espacios se desarrollan cosas importantes: <strong>la paciencia, la reflexión, la capacidad de sostener lo que cuesta</strong>&#8230;Quizá el reto no sea hacerlo todo más rápido, sino volver a sentirnos cómodos/as sin correr constantemente. Porque lo que de verdad importa casi nunca llega de inmediato. Y tal vez precisamente por eso tiene tanto valor.</p>



<p></p><p>The post <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/la-tirania-del-ya/">La tiranía del «ya».</a> first appeared on <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com">Lydia Polo Psicología</a>.</p>]]></content:encoded>
					
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		<title>Contacto cero</title>
		<link>https://www.lydiapolopsicologia.com/contacto-cero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2026 12:49:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[contacto cero]]></category>
		<category><![CDATA[daño emocional]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace poco leí este artículo que describía diversas investigaciones científicas llevadas a cabo para demostrar que las personas tóxicas pueden restar años de vida a quienes las sufren. Según este artículo este tipo de personas podíamos encontrarnoslas tanto en el ámbito familiar como en el entorno laboral, no se refería al entorno de pareja. Mientras [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco leí <a href="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-04-16/relacionarse-con-personas-toxicas-especialmente-en-la-familia-o-trabajo-acelera-el-envejecimiento.html" target="_blank" rel="noopener" title="">este artículo</a> que describía diversas investigaciones científicas llevadas a cabo para demostrar que <strong>las personas tóxicas pueden restar años de vida a quienes las sufren.</strong> Según este artículo este tipo de personas podíamos encontrarnoslas tanto en el ámbito familiar como en el entorno laboral, no se refería al entorno de pareja.</p>



<p>Mientras leía el artículo, no podía evitar recordar muchos casos de consulta: pacientes que “querían” establecer ese contacto cero que ahora parece estar tan “de moda”, o que incluso habían salido huyendo de algun@s terapeutas que se lo habían recomendado a la primera de cambio, sin que ell@s lo tuvieran claro.</p>



<p>Hoy en día, muchas personas se vanaglorian en redes sociales o en libros de haber establecido contacto cero con su familia, y me gustaría profundizar en ello. Evidentemente, hay casos y casos. Por desgracia, existen núcleos familiares<strong> profundamente dañinos y experiencias de gran sufrimiento</strong>. Pero no me refiero a eso, sino a<strong> familias con baja funcionalidad, con escasa gestión emocional, tóxicas en cuanto a roles y poco permeables a los cambios de sus miembros.</strong></p>



<p>Ante esta casuística, <strong>¿no sería más adecuado aprender a establecer límites claros, respetarte y hacerte respetar, en lugar de poner tierra de por medio porque sentimos que son “tóxicos”? </strong>En mi experiencia, con ayuda de terapia psicológica la mayoría de las situaciones pueden reconducirse hacia relaciones más sanas y adaptativas. Por ello, suele ser más beneficioso desarrollar <strong>estrategias de refuerzo personal, asertividad y autoestima</strong> en lugar de desaparecer bajo la premisa del «contacto cero».</p>



<p>Analicemos la situación: ¿qué es el «contacto cero»? es una&nbsp;estrategia de «protección emocional» que consiste en cortar toda comunicación e interacción (física, telefónica, redes sociales) con familiares tóxicos, abusivos o disfuncionales. El contacto cero <strong>no es una estrategia terapéutica estándar </strong>que deba aplicarse a la ligera. De hecho, debería ser uno de<strong> los últimos recursos</strong>, y solo cuando <strong>mantener el vínculo cause más daño que beneficio.</strong></p>



<p>Algunos <strong>criterios </strong>que se valoran en consulta para considerar el «contacto cero» son:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Cuando existe un <strong>daño psicológico persistente</strong>: manipulación constante (chantaje emocional, culpa…), invalidación sistemática de tus emociones, pensamientos o valores, o conductas de humillación, desprecio o crítica continua.</li>



<li>Cuando hay <strong>dinámicas abusivas</strong>: abuso emocional, físico o verbal, control excesivo o invasión de límites.</li>



<li>Cuando <strong>no es posible establecer límites efectivos</strong>, incluso habiendo expresado necesidades de forma clara, y estas son ridiculizadas o ignoradas de forma sistemática.</li>



<li>Cuando la relación <strong>deteriora tu salud mental</strong>: empeoramiento de cuadros de ansiedad o depresión, recaídas en conductas adictivas o reactivación de traumas pasados.</li>



<li>Cuando <strong>la otra parte no asume ninguna responsabilidad</strong> por su comportamiento ni muestra intención de cambio. Sin responsabilidad, la relación difícilmente puede volverse segura.</li>



<li>Cuando existen dinámicas familiares<strong> altamente disfuncionales</strong>, incluyendo traumas complejos.</li>
</ul>



<p><strong>Pero&#8230;¿el contacto cero es realmente “cero”?</strong></p>



<p><strong>No necesariamente</strong>. Es un tema complejo, y sería un error caer en una visión de todo o nada. Antes de llegar al punto «cero», es importante explorar <strong>alternativas intermedias</strong>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Aprender a establecer<strong> límites claros.</strong></li>



<li>Trabajar la capacidad de expresar <strong>tu opinión y exigir respeto.</strong></li>



<li>Reorganizar los encuentros, tanto en <strong>frecuencia </strong>como en <strong>dinámica</strong>.</li>



<li>Pasar de un <strong>contacto limitado</strong> (menos frecuente) a un <strong>contacto estructurado</strong> (solo en determinados contextos), hasta poder trabajar <strong>una distancia emocional</strong>, aunque no exista distancia física (en terapia, a esto suelo llamarlo “quitarles el poder de destruirte”).</li>
</ul>



<p></p>



<p>La experiencia me ha demostrado que la distancia, en muchos casos, <strong>es necesaria y terapéutica</strong>. Sin embargo, el «contacto cero», aunque puede aliviar en un primer momento, suele venir acompañado de culpa, duelo y conflictos internos. Esto se debe a que no ayuda a trabajar la relación ni favorece procesos de reparación, diálogo o cambio que, aunque difíciles, en algunos casos sí son posibles. Simplemente te aleja, pero a esa distancia te llevas todo lo que la relación te genera.</p>



<p>Por ello, si estás valorando la opción del «contacto cero» con tu familia, es fundamental que entiendas que esta decisión <strong>no resuelve automáticamente el problema</strong>, requiere un trabajo terapéutico para poder sostenerla y elaborarla emocionalmente, y que no es algo que deba decidirse desde la impulsividad, sino que se trata de un cambio vital profundo que <strong>necesita reflexión, tiempo y acompañamiento profesional.</strong> Si te sientes de esta manera y necesitas ayuda, <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/contacto/" title="">cuenta conmigo.</a></p>



<p>PD: Del tema del «contacto cero» con una ex pareja ya hablaremos en profundidad en otro post, que eso es otro cantar <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f609.png" alt="😉" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p></p><p>The post <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com/contacto-cero/">Contacto cero</a> first appeared on <a href="https://www.lydiapolopsicologia.com">Lydia Polo Psicología</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>¿Por qué mi opinión es mejor que la tuya?</title>
		<link>https://www.lydiapolopsicologia.com/por-que-mi-opinion-es-mejor-que-la-tuya/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 13:33:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[empatía]]></category>
		<category><![CDATA[opinión]]></category>
		<category><![CDATA[sesgos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A tod@s nos ha pasado alguna vez que, estando en una conversación, alguien dice algo con lo que no estamos de acuerdo y, casi sin darnos cuenta, pensamos “yo tengo razón”. No es necesariamente arrogancia ni mala intención; es algo profundamente humano. Tendemos a creer que nuestra opinión es mejor o más válida porque está [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A tod@s nos ha pasado alguna vez que, estando en una conversación, alguien dice algo con lo que no estamos de acuerdo y, casi sin darnos cuenta, pensamos “yo tengo razón”. No es necesariamente arrogancia ni mala intención; es algo profundamente humano. Tendemos a creer que nuestra opinión es mejor o más válida porque está construida desde nuestra <strong>propia experiencia</strong>, y eso la hace sentirse <strong>más real, más sólida, más VERDAD.</strong></p>



<p>Desde pequeñ@s aprendemos a interpretar el mundo a través de lo que vivimos. Si alguien ha crecido en un entorno donde el esfuerzo siempre fue recompensado, es probable que crea firmemente que “<em>quien quiere, puede</em>”. En cambio, otra persona que haya visto cómo el esfuerzo no siempre garantiza resultados puede tener una visión más escéptica. Ambos/as creen tener razón, porque sus ideas no nacen en el vacío: <strong>están respaldadas por recuerdos, emociones y vivencias personales.</strong></p>



<p>En esta cuestión hay algo importante: <strong>vivimos dentro de nuestra propia mente</strong>. No podemos sentir exactamente lo que siente otra persona ni ver el mundo desde su perspectiva al cien por cien. Es como si cada un@ mirara a través de su propia ventana. Lo que vemos desde ahí nos parece la realidad completa, <strong>aunque en realidad solo sea una parte</strong>. Por eso la <strong>empatía</strong> es tan importante, porque nos ayuda, aunque sea un poco, a asomarnos a la ventana de la otra persona.</p>



<p>En relación a este tema de querer tener razón frente al/la otro/a, la neurociencia nos explica que nuestro cerebro no nos ayuda demasiado a ser objetivos/as, ya que está diseñado <strong>para ahorrar energía y tomar decisiones rápidas</strong>. Para ello utiliza atajos mentales, conocidos como heurísticos y sesgos. Uno de los más importantes es el <strong>sesgo de confirmación</strong> con el que tendemos a buscar, recordar e interpretar la información de manera que confirme lo que ya pensamos. Por ejemplo, si alguien cree que cierta dieta es la mejor, prestará más atención a testimonios que la apoyen e ignorará estudios que la cuestionen, o si pienso que el partido político al que yo he votado es mejor (porque quiero tener razón en mi ego) no voy a cuestionar nada de lo que haga e iré en contra de todo lo que otros partidos propongan (aunque sean cosas buenas).</p>



<p>Otro mecanismo relevante es la <strong>disonancia cognitiva, </strong>descrito en 1957 por Leon Festinger<strong>. </strong>Cuando nos enfrentamos a información que contradice nuestras creencias, el cerebro experimenta una especie de “<strong>incomodidad</strong>” interna. Para reducirla, en lugar de cambiar de opinión (lo cual requiere esfuerzo y genera inseguridad), solemos reinterpretar la información o descartarla. Estudios con <a href="https://www.nature.com/articles/s41467-020-16278-6" target="_blank" rel="noopener" title="">neuroimagen</a> muestran que cuando estamos muy seguros/as de algo, <strong>el cerebro literalmente deja de procesar bien la información que contradice nuestra creencia</strong>. Así, <strong>protegemos </strong>nuestra visión del mundo y mantenemos una sensación de <strong>coherencia interna</strong>, lo que sumado al sesgo de confirmación nos hace ser bastante <strong>impermeables al cambio</strong> si no realizamos un esfuerzo cognitivo en favor de pensar que quizá el/la otro/a pueda tener algo de razón en su vivencia.</p>



<p>Además, estructuras como la <strong>amígdala</strong> y el <strong>sistema de recompensa</strong> también influyen. Tener razón , o sentir que la tenemos, activa circuitos asociados al <strong>placer</strong> y la <strong>seguridad</strong>, mientras que aceptar que estamos equivocados puede activar <strong>respuestas de amenaza</strong>. Por eso, en discusiones cotidianas, como una conversación de pareja o un debate entre amig@s, no solo estamos intercambiando ideas, también estamos gestionando <strong>emociones, identidad y una necesidad básica de sentirnos estables y coherentes.</strong></p>



<p>Gestionar las diferencias de opinión no consiste en evitarlas, sino en aprender a convivir con ellas de forma inteligente y respetuosa. Te propongo algunas estrategias que pueden ayudarte en situaciones del día a día:</p>



<p><strong>1. Escuchar para entender, no para responder</strong><br>En muchas conversaciones estamos esperando nuestro turno para hablar, pero no estamos escuchando, cambiar ese “chip” y escuchar de verdad puede marcar la diferencia.</p>



<p><strong>2. Separar la persona de la idea</strong><br>Que alguien piense distinto no significa que esté en tu contra, y esto en el mundo polarizado en el que vivimos es muy importante. En el trabajo, por ejemplo, un/a compañero/a puede criticar una propuesta tuya no porque te rechace a ti, sino porque ve riesgos que tú no has considerado.</p>



<p><strong>3. Reconocer lo que sí compartís</strong><br>Incluso en profundos desacuerdos puede haber puntos en común. En una discusión de pareja sobre dinero, por ejemplo, ambos/as pueden coincidir en que quieren estabilidad financiera, aunque difieran en cómo conseguirla. Empezar desde ahí reduce la tensión.</p>



<p><strong>4. Cuestionar tus propios sesgos</strong><br>Preguntarse “¿<em>y si no tengo toda la razón</em>?” nos abre espacio mental. A veces basta con considerar que la información que disponemos es incompleta o que estás interpretando los hechos desde tu experiencia concreta.</p>



<p><strong>5. Usar un lenguaje que no ataque</strong><br>No es lo mismo decir “<em>estás equivocado</em>/a” que “<em>yo lo veo de otra manera</em>”. El segundo formato no pone a la otra persona a la defensiva y facilita que la conversación siga siendo constructiva.</p>



<p><strong>6. Saber cuándo no merece la pena debatir</strong><br>No todas las diferencias requieren resolución. En temas como gustos personales o discusiones que ya se han repetido muchas veces sin avance, a veces lo más sano es dejarlo pasar.</p>



<p><strong>7. Regular las emociones antes de responder</strong><br>Si notas que te estás enfadando, es mejor hacer una pausa. En caliente, el cerebro emocional toma el control y es más fácil decir cosas que no representan lo que realmente piensas o sientes.</p>



<p><strong>8. Hacer preguntas en lugar de afirmar</strong><br>Preguntar “¿<em>por qué lo ves así</em>?” o “¿<em>qué te hace pensar eso</em>?” transforma el debate en exploración. Esta estrategia ayuda a entender la postura del otro/a.</p>



<p>En el fondo, gestionar bien las diferencias <strong>no significa cambiar de opinión</strong>, sino aprender a relacionarte con la del otro/a sin que eso se convierta en un conflicto constante.</p>



<p>Quizá por eso, más que una cuestión de tener razón o no, nuestras opiniones hablan de <strong>quiénes somos y de cómo hemos aprendido a entender el mundo</strong>. Detrás de cada idea hay una <strong>historia</strong>, unas <strong>emociones </strong>y un cerebro intentando <strong>dar sentido a la realidad de la mejor manera posible.</strong> Recordarlo puede ayudarnos a mirar a l@s demás con un poco más de calma y curiosidad, entendiendo que, al igual que nosotr@s, no defienden solo una opinión, sino también su <strong>propia forma de estar en el mundo</strong>.</p>



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		<item>
		<title>No es normal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Mar 2026 22:40:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[covid]]></category>
		<category><![CDATA[equipo]]></category>
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		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En estos días, hace 6 años, se nos complicó la vida a tod@s. En estos días, hace 6 años, nos dimos cuenta de que el ser humano no lo podía todo, que un microscópico virus podía acabar con nosotr@s sin ningún esfuerzo. En estos días hace 6 años, empezó el caos. Tuvimos que detener nuestras [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-group is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained">
<p>En estos días, hace 6 años, se nos complicó la vida a tod@s. En estos días, hace 6 años, nos dimos cuenta de que el ser humano no lo podía todo, que un microscópico virus podía acabar con nosotr@s sin ningún esfuerzo.</p>



<p>En estos días hace 6 años,<strong> empezó el caos.</strong></p>



<p>Tuvimos que detener nuestras vidas. No tod@s pudimos hacerlo. Hubo quienes tuvieron que seguir sin margen a la duda: sanitari@s, FFCCSE, personal de supermercados… “personal imprescindible”, nos llamaron.</p>



<p>Yo fui, como tantas personas, parte de ese retén de personal imprescindible porque trabajaba en un hospital, y días después del inicio del caos sentí la necesidad de intentar reflejar el dolor por el que atravesaba el <strong>EQUIPO</strong>, un <strong>equipo maravilloso de personas</strong> (enfermeras/os, celadores/as, auxiliares, doctores y doctoras&#8230;) que lo dieron todo,y más, para hacer lo <strong>posible en lo imposible</strong>.</p>



<p>Hoy quiero recordar, compartiendo una parte de aquel escrito, los días que vivimos. Primero, para <strong>honrarles</strong>, porque vivimos en un mundo en el que incluso una pandemia pasa de largo y, demasiado rápido, todo parece volver a la normalidad. Segundo, porque para quienes estuvieron en primera línea, aquello fue (y sigue siendo) una<strong> herida de guerra</strong>, literalmente. Y tercero, para no olvidar que somos una mota de polvo, que la vida se acaba sin quererlo y que lo verdaderamente importante no está donde hay más ruido.</p>



<pre class="wp-block-preformatted"><em>“Querido equipo</em>: <em>Llevo casi 10 años trabajando en cuidados paliativos, 10 años trabajando con la muerte y el sufrimiento, acompañándoos y acompañándome a mí misma en lo que supone ser consciente del final de la vida de una persona, algo que te pone irremediablemente delante de tu propia muerte y todo lo que ello conlleva, pero nada es comparable a lo que estamos viviendo en estos momentos, nada es comparable con lo que os escucho cada día, con esas vivencias que estáis teniendo que sobrepasan nuestros valores humanos. No es normal.</em> </pre>



<div class="wp-block-group is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained">
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<div class="wp-block-group is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained">
<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<pre class="wp-block-verse">No es normal que no podáis dormir pensando en todas las personas que habéis visto fallecer.</pre>



<pre class="wp-block-verse"><em>No es normal que tengáis ansiedad al venir a trabajar, durante y cuando os vais a casa.</em>   </pre>
</div>
</div>



<pre class="wp-block-verse has-text-align-left"><em>No es normal que tengáis heridas y cicatrices en la nariz y en la cara por las mascarillas de protección.</em>                 <br><br><em>No es normal que hayáis perdido la cuenta de las familias a las que habéis avisado porque su ser querido ha fallecido.</em>                     </pre>
</div>



<pre class="wp-block-verse"><em>No es normal que no hayáis podido descansar ni un solo día durante varias semanas ente</em>ras.

<em>No es normal que abráis con miedo la puerta de una habitación porque no sabéis si la persona que ocupa esa cama va a </em>estar viva o muerta.

<em>No es normal…nada de esto es normal… esta asquerosa situación no es normal.</em></pre>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<pre class="wp-block-verse has-text-align-left"><em>Esta es una situación que nos supera a tod@s y a cada un@, y demos gracias que nos supera, porque es lo único que nos sigue identificando como humanos. Para poder seguir trabajando en estas condiciones es muy fácil caer en la despersonalización del paciente y su familia, porque no podemos hacernos cargo de ese dolor, del dolor del siguiente paciente que ocupe esa cama, del dolor de no saber dónde poner a la persona fallecida porque literalmente no tenemos más espacio… pero no lo estáis haciendo, estáis tratando cada vida con toda la fuerza que os queda, con todo el amor posible y con toda la serenidad que esta realidad os permite. Estáis acumulando mucho dolor. Estamos acumulando mucho dolor. Y habrá que mirarlo de frente en algún momento, cuando todo esto pase, que pasará, lo haremos. Y lo haremos junt@s....”</em></pre>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>
</blockquote>
</div>



<p></p>



<p class="has-text-align-left">No fueron héroes ni heroínas, fueron personas que decidieron en un momento de su vida dedicarse a cuidar a los demás, y nos tocó. </p>



<p class="has-text-align-left">Como escribe Isabel Allende “<em>Tod@s llevamos dentro una insospechada fuerza que emerge cuando la vida nos pone a prueba”</em> Pues sí, a todas las personas en 2020 nos tocó una prueba bien difícil, una que cada persona sostuvo como pudo y como supo, porque nadie estaba preparado para vivir algo así. Pero hubo algo que nos sostuvo: la <strong>esperanza</strong>. A ratos, cuando conseguíamos alejarnos del ruido —que fue mucho y muy dañino—, la esperanza nos dio comunidad, sentido, refugio y paz. Que no se nos olvide lo que tod@s hicimos en estos días hace 6 años. </p>



<p><strong>GRACIAS</strong> a todo el equipo del Hospital San Rafael y a las familias y amigos/as que nos sostuvieron.</p>



<p></p>
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		<title>POR-NO hablar. La importancia de la educación sexual.</title>
		<link>https://www.lydiapolopsicologia.com/por-no-hablar-la-importancia-de-la-educacion-sexual/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[LydiaP0lo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Mar 2026 09:58:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[adolescencia]]></category>
		<category><![CDATA[educación sexual]]></category>
		<category><![CDATA[pornografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos meses se lanzó la campaña “PORNO, por no hablar”, una campaña que alerta a las familias de los efectos psicológicos, emocionales y fisiológicos del consumo de pornografía por parte de niños/as y adolescentes, y que recuerda la necesidad de una educación sexual positiva, basada en la igualdad y el buen trato. Según datos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos meses se lanzó la campaña “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=Or2QVlsqwnA" target="_blank" rel="noopener" title="">PORNO, por no hablar</a>”, una campaña que alerta a las familias de los efectos psicológicos, emocionales y fisiológicos del consumo de pornografía por parte de niños/as y adolescentes, y que recuerda la necesidad de una educación sexual positiva, basada en la igualdad y el buen trato. Según datos oficiales, en España <strong>el primer contacto con la pornografía suele ocurrir entre los 8 y los 10 años</strong>, y 6 de cada 10 adolescentes consumen este tipo de contenido, con casi la mitad de ellos reconociendo que lo ven “<strong>demasiado</strong>”.</p>



<p><br>A los 8-10 años cuando aún no se tiene un modelo mental de quienes son como personas individuales ni en relación al mundo ya tienen acceso a pornografía, una pornografía en muchos casos no buscada, el 30% afirma que se la encuentra de manera accidental, mediante chat de juegos en línea, o en redes sociales. Y todo esto ocurre sin que las familias sean conscientes de nada: el 77% de los/as adolescentes nunca ha hablado sobre pornografía con sus familias y el 50% nunca ha hablado sobre sexualidad.</p>



<p><br></p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Es prácticamente imposible escapar: está en el chat de la play, en X, en grupos de WhatsApp, cuando descargo una app…”. Chico de 14 años.</p>
</blockquote>



<p><br>El 60,2% de los y las jóvenes (el 72,1% en el caso de los chicos) en nuestro país consumen pornografía como medio para <strong>aprender </strong>sobre sexualidad, la pornografía se convierte en <strong>su escuela para las relaciones afectivas</strong>, el consentimiento, el placer… un 56% de los jóvenes afirma que el porno les ayuda a <strong>conocer y comprender mejor el sexo</strong> y un 49% que les sirve como <strong>fuente de inspiración</strong>…Un problema que se agrava cuando las investigaciones realizadas aluden al contenido de los vídeos de pornografía que consumen los menores y que se dividen en <strong>tres categorías principales</strong>: la pornovenganza, violaciones grupales e incestos. Un sexo lleno de violencia que perpetúa los estereotipos de género y que evoca una sexualidad irreal está dañando la autoestima y el autoconcepto de nuestros/as niños/as y jóvenes, y como sociedad lo estamos permitiendo,<strong>estamos fracasando.</strong></p>



<p><br>Estudios nacionales e internacionales apuntan a que, aunque la pornografía no es la única responsable de la violencia de género o sexual, <strong>pornografía y violencia sí que están relacionados</strong>. El 88% del porno que consumen contiene violencia física contra las mujeres, en muchos casos extrema, un contenido hecho para asustar, no para excitar, este tipo de pornografía concibe nuevas generaciones de chicos que no son capaces de sentir el dolor de las mujeres. En su última Memoria anual, la Fiscalía General del Estado ha advertido de un “alarmante” incremento del <strong>116% de las agresiones sexuales perpetradas por menores</strong> en España en los últimos cinco años.</p>



<p><br>Los chicos y chicas que consumen pornografía también presentan una distorsión de su imagen corporal, su imagen ideal es la del cuerpo perfectamente diseñado en los cánones estéticos normativos algo que en la vida real no sucede, esto genera inseguridades y dificultades para vivir relaciones afectivas y sexuales basadas en el respeto propio y ajeno.</p>



<p><br><strong>¿Qué podemos hacer? Educación sexual desde la infancia: una herramienta esencial para crecer con seguridad y respeto.</strong></p>



<p><br>Adoptar una educación sexual que incluya el análisis crítico de la pornografía y promueva valores de respeto, consentimiento y bienestar emocional no es solo una estrategia educativa, sino una h<strong>erramienta de salud pública</strong> y de prevención de daños psicológicos asociados a la desinformación y los modelos sexuados distorsionados.</p>



<p><br>La sexualidad forma parte del desarrollo humano desde el nacimiento. Y, aunque solemos asociarlo a una cuestión física o biológica no se trata solo de eso, sino también (y, sobre todo) a cómo nos relacionamos con nosotros/as mismos/as y con los/as demás. La sexualidad tiene que ver con los límites, con el respeto por nuestro propio cuerpo, nos ayuda a comprender nuestras emociones y a construir <strong>vínculos saludables</strong>, y esto no se aprende por arte de magia, esto hay que trabajarlo en casa y en los centros educativos. Sin embargo, la realidad es que hay hogares en los que no se habla de sexualidad y centros educativos que se ven privados de talleres de educación sexual de calidad, por tanto, ¿en manos de quién recae la educación sexual de nuestros/as hijos/as? Como hemos visto, en manos de fuentes accesibles, <strong>interesadas</strong>, no formales y súper inmediatas…la pornografía.</p>



<p><br>Para que entendamos el efecto que tiene la pornografía en el cerebro a nivel fisiológico es importante que sepamos que <strong>la pornografía activa los mismos mecanismos de recompensa en el cerebro que las drogas,</strong> es decir, cada vez necesitas más para sentirte saciado/a y con ello el contenido consumido es cada vez más extremo y menos real. Es importante añadir, además, que el cerebro adolescente tiene <strong>una amígdala (emociones) muy activa y una corteza prefrontal (juicio) aún en desarrollo</strong>, y esta brecha biológica hace que el/la menor no tenga las herramientas biológicas para «filtrar» o racionalizar lo que está viendo, los/as niños/as normalizan la violencia sexual y la llaman sexo: insultar, escupir, coger del cuello hasta casi asfixiar… Así lo definen en los talleres de educación sexual, y así están siendo sus primeras prácticas sexuales.</p>



<p><br>A raíz de este consumo que lleva años sucediéndose, una casuística nueva que nos estamos encontrando en consulta (y con una frecuencia abrumadora) son hombres menores de 35 años con problemas de erección y excitación, con un historial de consumo de pornografía, hombres que buscan ayuda para dejar de consumir pornografía y poder encontrar satisfacción en sus relaciones reales, una casuística que no nos habíamos encontrado nunca hasta este momento. Su cerebro se ha anestesiado ante el sexo real porque busca estímulos extremos e irreales como los que ha visto y consumido durante años, sumado a la percepción de que nunca van a rendir de esa manera, evidentemente ya que el porno es falso, es un producto audiovisual que genera millones y millones y que por tanto tiene una narrativa muy dirigida, sabe a qué público tiene que dirigirse y con qué fin, <strong>la adicción.</strong></p>



<p><br><strong>En resumen: Los riesgos de no educar en sexualidad</strong></p>



<p><br>Cuando no existe una educación sexual adecuada, los niños y adolescentes quedan vulnerables a desinformación y mitos que circulan en Internet, donde la pornografía, a falta de diálogo familiar o escolar, puede convertirse en su “escuela principal”. Este vacío informativo puede:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Normalizar comportamientos violentos o deshumanizantes, ya que gran parte de la pornografía accesible presenta escenarios que no reflejan relaciones consensuadas ni respeto mutuo.</li>



<li>Generar expectativas irreales e inseguridades sobre el propio cuerpo, la intimidad y el rendimiento sexual.</li>



<li>Dejar sin herramientas a los/as jóvenes para identificar el consentimiento o el abuso, lo que puede aumentar la vulnerabilidad a experiencias traumáticas o relaciones dañinas.</li>



<li>Incrementar el riesgo de embarazo no deseado o infecciones de transmisión sexual por falta de conocimiento y habilidades para protegerse.</li>
</ul>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Como psicólog@s, educadores/as o padres y madres, nuestro desafío es <strong>transformar el silencio en conversación, el tabú en aprendizaje, y la confusión en comprensión. </strong>Sólo así estaremos realmente <strong>protegiendo </strong>el desarrollo emocional y cognitivo de la infancia y la adolescencia.</p>



<p></p>



<p>Fuentes interesantes:</p>



<p><a href="https://www.inclusion.gob.es/web/oberaxe/w/la-memoria-anual-2024-de-la-fiscalia-general-del-estado-senala-un-aumento-de-escritos-de-acusacion-por-delitos-de-odio-y-discriminacion" target="_blank" rel="noopener" title="">Memoria anual 2024 Ministerio Fiscal.</a></p>



<p><a href="https://www.savethechildren.es/notasprensa/informe-de-save-children-casi-7-de-cada-10-adolescentes-consumen-pornografia-la-que" target="_blank" rel="noopener" title="">Save the Children </a></p>



<p></p>



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